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EL MARIACHI QUE SE ABRIÓ CAMINO

Por Adriana Juan

Por el gusto de tocar formaron un Mariachi
Sólo son  rumores. Todo se mantiene en secreto con tal de que sea sorpresa. Entonces, al dar las ocho,  las notas de una trompeta interrumpen la celebración. Los invitados guardan silencio; después se escuchan las guitarras, violines, vihuela y guitarrón. Las puertas se abren y el Mariachi interpreta su carta de presentación.
Primero aparece el de más edad. Camina despacio, porta traje negro con abotonaduras doradas, le arranca al violín notas de alegría. Lo siguen cinco jóvenes, yerguen  la cabeza y sin mirar a nadie, ven de frente. Ocultan el nervio.

Los invitados pedirán El Mariachi Loco y Cielo Rojo, sin importarles que los intérpretes estén cansados de tocarlas siempre. Después quedan ganas de continuar el festejo. El Mariachi permanece en el anonimato y vuelven a su local en Avenida Aztecas, guardan sus instrumentos, quienes vengan del interior de la República, dormirán en el negocio o en un cuarto alquilado en los pedregales.

Ildefonso Ponce, originario de Cuautla, Jalisco, hace años trajo a su esposa y a sus ocho hijos hasta aquí en busca de un mejor porvenir, su deseo era formar un Mariachi y vivir de ello, tal como lo había hecho en su tierra.

Juan Flores, compañero de Ildefonso e integrante del Mariachi Real de México 91, es también un caso excepcional: vive en la colonia Ajusco desde hace más de treinta años y fue integrante del primer Mariachi de Avenida Aztecas. De aquella agrupación, de la cual ya nadie recuerda el nombre, se derivaron los Mariachis Zapoquilense, Olímpico 68, Águila Real, Real de México y Tapatío. Juan recuerda la primera vez que Ponce le habló:

Ildefonso me vio tocar el requinto en una fiesta del Mercado de la Bola, me platicó su idea de formar un Mariachi y yo me contagié de su entusiasmo.
Un día, una vecina nos invitó a comer y tocamos para sus invitados, no hubo paga porque no éramos gente que podía recibir un salario. Tocamos desde las seis de la tarde hasta las dos de la mañana. Nos llevamos una friega pero no importaba porque estábamos a gusto tocando y conversando. Y así empezamos a conseguir trabajos…

Tres años antes de que Ildefonso falleciera, Juan Flores y Timoteo Meza fundaron la Asociación Mariachis del Sur; Juan Flores aún mantiene frescos los motivos que movieron a sus compañeros:

Cuando se moría un compañero teníamos que pasar la charola para pagar el entierro  y nos dimos cuenta que teníamos que crear seguridad social. Además llegamos a ser 40 grupos con la llegada  de mariachis de Tlaxcala, Morelos, Guanajuato y Veracruz, que se dieron cuenta del mercado que habíamos formado, y gracias a la Asociación se frenó la proliferación. Antes trabajábamos hasta 18 horas en un fin de semana, pero ahora sólo trabajamos tres o cuatro pues se divide entre todos los grupos  que hay. Claro que hay de calidad a calidad…

Así, poco a poco el primer Mariachi de la Avenida Aztecas se fue abriendo camino contra la pobreza, el desconocimiento de los instrumentos y la falta de tiempo. Hoy, Los Mariachis del Sur continúan marcando el paso con el mismo rigor, sin olvidar la necesidad de ser solidarios en los momentos difíciles y de defender el mercado laboral que se gestó, nota por nota, hace más de treinta años.